(Algunas reflexiones)
Voy a tratar de poner en positivo este difícil momento por el que paso actualmente para mantener una producción constante y mínimamente pulida, y aprovecho estas horas de silencio para plantearme en voz alta algunas de las dudas que me asaltan desde hace semanas, en relación a la forma de esta bitácora y su planteamiento.
No empecé a escribir aquí pensando que la mayor parte de mis relatos tendrían una extensión de entre 3 y 6 páginas, pero por una razón o por otra, hacia esto han evolucionado las cosas. No prefiero esta tipología a otras, simplemente los relatos salen así. Posiblemente he ido rehuyendo las instantáneas para pasar a relatar pequeños fragmentos de vida, he introducido un poco de antes y de después, he dejado que las semillas crezcan algo más, aunque poco. El resultado es el que es. Muchos relatos, vistos desde el punto de vista de una entrada de blog, son largos. Me pregunto hasta qué punto disuaden al lector ocasional antes de llegar al segundo o al tercer párrafo. Y por lector ocasional no me refiero al que entra aquí buscando información sobre las medidas de las viguetas de una buhardilla, o el que desea conocer los mejores remedios para el dolor de cabeza después de descubrir la infidelidad de su pareja (que los hay). Me refiero al que busca una entrada de bitácora literaria al uso. Una reflexión breve. Una instantánea.
He pensado en ocasiones mantener la tipología actual y recurrir al viejo truco de cortar la entrada, invitando de esta manera al lector interesado a leerla entera si el fragmento inicial le ha resultado lo suficientemente atractivo. A priori no soy partidario de la idea, pero no he terminado de desecharla, y de tanto en tanto escucho su canto de sirena que regresa para atormentarme.
En otras ocasiones he pensado en la posibilidad de partir mis relatos más largos en dos, tres, cuatro fragmentos. Esto ya sucedió con Esperanza, que dividí en dos partes debido a su extensión y también porque la narrativa no se resentía, e incluso invitaba a ello. Pero incluso entonces no me sentí muy convencido, y hube prácticamente de tener terminada la segunda parte para atreverme a publicar la primera.
El principal problema de esta opción es que tiendo a hacer numerosos cambios en toda la extensión del relato a partir de su lectura completa, por cuestiones de ritmo, de coherencia, o porque es entonces cuando se detectan determinados defectos, fallos en el dibujo de los personajes, cosas que sobran o elementos que faltan. Tengo miedo, pues, sí. Pero otros autores han utilizado y utilizan este formato (por ejemplo, el tío antonio), y ello me hace preguntarme si no sería ésta una opción igualmente válida y si no valdría la pena darle una oportunidad. En su favor tiene, por supuesto, la relativa relajación que aportaría a mi producción de relatos, que posiblemente redundaría en un mayor pulido, en una mayor concisión, en una mejor calidad. Todo ello a costa de tomar en mis manos la tijera, cerrar los ojos y utilizarla sin que me tiemble el pulso. ¿Vale la pena?
Aprovecho esta entrada poco ortodoxa para disculparme por la escasa e irregular producción de los últimos días. Remontará, no me cabe duda, pero para ello he de ponerme también en manos del diablillo de la (in)oportunidad, que no siempre está dispuesto a prestarme su inestimable ayuda y a despejar mi cielo como yo desearía.
Publicado el: 13-07-2007 en Otros.
Comentarios: 4
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13-07-2007 a las 08:55
Fuiste muy duro contigo mismo con el último relato, pero la auto-exigencia es importante, así como reflexionar de vez en cuando y hacerse preguntas. Todo escritor no está a salvo de esto.
No sé si tendrás tiempo y ganas para hacer lo que voy a pedirte. Te invito a que escribas un artículo para nuestro blog. Si quieres, para empezar, podrías hablar del relato, el género que sueles trabajar. Estamos consiguiendo tener varias visiones distintas respecto de la poesía, pero nos gustaría que alguien más hablara de narrativa. En principio, de momento no estamos incluyendo ficción, sino reflexiones acerca de la escritura, pero todo se andará.
Bueno, ya me contarás qué te parece la idea. Nuestro mail: elc@letraclara.com. Que conste que esto te lo iba a pedir ayer, pero no me dejaba publicar el comentario. Ahora, después de tus reflexiones, lo veo aún más adecuado. Pero tú verás.
Mucho ánimo y ya sabes dónde encontrarnos.
Un fuerte abrazo (hoy más que nunca).
Mayte.
13-07-2007 a las 11:30
Hola Mayte,
Gracias por los ánimos. Te escribo directamente.
Un abrazo,
Rb
17-07-2007 a las 14:26
Al fin encuentro un segundo para comentar acerca de tu reflexión. Si he de ser sincero (y lo digo avergonzado, que conste), no he leído ni uno solo de tus relatos. Cuando me encuentro con textos tan largos siempre digo “ya encontraré un momento y me pondré al día”, pero ese momento no llega, y cuanto más se me acumula el trabajo más pereza me da ponerme. Qué le vamos a hacer, soy un vago y tengo que convivir con ello.
Ya que estoy te voy a dar mi opinión sobre tu blog, una opinión que nace de mi familiaridad con el formato en otros terrenos (básicamente en el tecnológico), y que por tanto está sesgada y puede no resultar para nada útil. Para mí un blog es un lugar en el que alguien reflexiona en voz alta y otros (que valoran de algún modo su visión de las cosas) responden a esas reflexiones, dando lugar a nuevas reflexiones que alimentan una conversación enriquecedora para todas las partes. Visto así, no me siento muy cercano al formato de tu blog porque lo percibo como demasiado unidireccional. Me explico. Creo que un blog literario es una ocasión formidable para que un creador plasme su visión del mundo como ser humano, lo que le preocupa, lo que le llama la atención, lo que le inspira, lo que le deprime, lo que ama, lo que odia, y la influencia que todo eso tiene en su proceso creativo… todo ello en un tú a tú con el lector. En el relato formal el autor hace una lectura del mundo, sí, pero de algún modo “de arriba a abajo” (que no se me malinterprete). No digo que haya que quitar los relatos, yo los dejaría pero más bien como documentos separados de lo que son las entradas ordinarias (creo que Wordpress lo llama “páginas”).
Personalmente, me sentiría más implicado en el blog si a base de entradas cortas y personales me fueses enganchando a tu universo personal y creativo, y me vería más predispuesto a leer tus relatos si fuese siguiendo su proceso de creación en paralelo, respirando lo que tú respiras y sudando lo que tú sudas para parirlos.
Es sólo una idea. Un abrazo
17-07-2007 a las 18:30
Mariano, qué alegría saber de ti. Muchas gracias por tu extenso y jugoso comentario. Me ayuda a reflexionar, y lo hago en voz alta aquí mismo… aunque tal vez lo más adecuado sería una nueva entrada o ampliar ésta. Pero da igual, te cuento las cosas que me pasan por la cabeza a propósito de todo lo que comentas.
No soy un especialista en la blogosfera, la verdad. Conozco un poco lo que cualquiera que haya mostrado un poco de interés hacia la Web 2.0, y me centro en las áreas que más me atraen. Por ejemplo, no estoy muy al día en la zona más tecnológica (Enrique Dans, Microsiervos, etc.) y paso de un modo relativamente silencioso por las bitácoras más de actualidad y políticas. Me interesan mucho las literarias, las que tratan de música, de cine. Ya sabes por qué. En las primeras, como bien es sabido, hay mucho material pero su carácter ‘creativo’ es un arma de doble filo. No es lo mismo hablar de Linux, de Rajoy o de la SGAE que hacerlo del mundo interior de uno. Lo segundo tiene mucho más peligro y es fácil caer en la banalidad.
Cuando he ido mirando lo que la gente escribe cuando escribe sobre literatura, he visto varias tipologías de blog-publicación, y seguramente se me escapan otras. Por un lado, están las bitácoras que básicamente hacen crítica y analizan libros y tendencias. Algunas son excelentes, y sin duda el formato ‘blog’ cuadra muy bien con ellas. Por supuesto, para meterse en este tipo de publicación periódica, se precisa una cierta erudición y madera de crítico, aspectos en los que voy muy muy justito.
Por otro lado, están las bitácoras que exploran en forma de artículos la forma literaria, la problemática de la lectura, que anuncian próximos eventos literarios, etc. Creo que este grupo está más cercano a la idea que mencionas tú, pero aún así me considero una persona poco capacitada para aportar algo sólido a estas publicaciones de manera constante - tal vez sí de manera puntual, no sé.
Por último, están las bitácoras creativas. No son muy abundantes, porque muchos autores son reacios a escribir para publicar ‘de gratis’. Entre ellas, la mayoría funcionan con un formato de microrrelato o poesía que permitan una lectura diagonal más rápida, más armoniosa con lo que es habitual en la lectura de un blog. Otras son más prolijas, y seguramente funcionan más como taller de escritura personal relativamente ajeno a los usos de lectura del público.
En cierto modo, cuando me planteaba las reflexiones de esta entrada, que no fue demasiado lúcida porque eran las 3 de la mañana o así, reflexionaba sobre el hecho de estar en un extremo del espectro, el de las bitácoras creativas que además contienen entradas de una cierta extensión. Me preocupa que el formato disuada al lector, por supuesto, pero por otra parte no veo tan claro que la solución sea cambiar de tipo de bitácora. De hecho, me encantaría hablar sobre el proceso creativo, sobre mis experiencias mientras escribo, los trucos, las técnicas, el modo de contar las historias. Me encantaría y creo que me resultaría más sencillo que escribir relatos ‘a pelo’, que es una labor más ingrata. Pero me resisto a hacerlo porque entonces estaría dando lecciones sobre cómo escribir pero sin aportar ejemplos reales de mi propia cosecha. Por otra parte, está lo que comentas de ‘parir’ los relatos e ir siguiendo el proceso creativo en paralelo. Has descrito muy bien algo que ya me había venido a la cabeza varias veces desde que empecé la bitácora, y francamente te digo que me encantaría hacer algo así. De hecho, me resulta muy refrescante leer tus ideas, especialmente porque vienen de alguien que también escribe, y como puedes imaginar, lo que quiero conseguir es que el blog crezca, que mi técnica mejore, que me vaya creyendo mis propias posibilidades y vaya dejando atrás la pereza. De todos modos, por ahora mi percepción es que la bitácora sigue siendo muy joven, y mi corpus de relatos, al igual que mi técnica, todavía muy escaso y vacilante. Por eso me centro en escribir, escribir, escribir. Aunque no sea igual de firme en la labor de recortar, recortar, recortar. Me atrevería a decirte incluso que ni siquiera me duele demasiado que se lea poco lo que escribo, porque en general la mayor parte me deja bastante insatisfecho. Es el propio acto de escribir de manera constante el que me impulsa, y para ello es fantástico tener una bitácora, porque de alguna manera te obliga a sobreponerte a la pereza, cosa que no consigue el cuaderno que hay encima de la mesa que sabes que jamás leerá nadie. Si, como efecto colateral, te das un poco a conocer al mundo, bienvenido sea.
En cuanto a lo de no leer mis relatos, pecador, si no lees los dos que siguen a esta entrada, te prometo que te dejo de hablar
PS: Se me olvidaba comentar que no veo del todo claro lo de que el debate sea inherente a la blogosfera. En general, uso WP como una herramienta de publicación impresionante que además permite comentar las entradas, lo cual es fantástico. Pero imagino que deben existir blogs más cercanos al concepto de ‘foro’ y otros más cercanos al de ‘página estática’. O sea, blogs más bi(multi)direccionales y otros más unidireccionales. No estoy seguro de que una tiplogía sea mejor o peor que otra. Depende de los objetivos de uno, supongo.
Un abrazo.