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Hoy empieza todo

Cuando despierto, algo raro ha pasado.
No recuerdo qué tenía que hacer hoy nada más despertarme, pero sí que era algo importante. La rutina… la rutina se me escapa. ¿Qué hago siempre al despertarme? Todo ha desaparecido.
Me siento incómodo; no reconozco mi cuerpo. Todo está borroso a mi alrededor y cuando abro los ojos, solo veo sombras, sombras grises y hurañas. Escucho sonidos inconexos, confusos, impacientes. Todo se desliza con excesiva rapidez a mi alrededor, y no soy capaz de seguir las formas difusas conforme pasan delante de mí, acompañadas por esa recua de sonidos rudos que se desliza perezosamente, inasible e incomprensible.
Una extraña sensación me atenaza el vientre. Un vacío como nunca había sentido antes. La angustia se mezcla con el desconcierto. Abro la boca, pero soy incapaz de articular una sola palabra. Un regusto amargo se queda atrapado en mi garganta. Gruño para expulsarlo. Tomo aire; mi respiración se torna ahogada. Aprieto las manos y hago fuerza para pedir ayuda. Emito un grito mortecino, y muy pronto siento cómo mi garganta se dilata, y el aire sale con fuerza, y mi voz gana en volumen, en timbre, en potencia. Las lágrimas saltan a mis ojos, siento un calor indescriptible en el rostro, pero el vacío se alivia un tanto mientras agoto mis fuerzas en un lamento al que no sé si alguien responderá. Las sombras siguen deslizándose ante mí, amenazadoras, mientras mi súplica adopta un tono desesperado, agónico. No sé cuánto tiempo más podré soportar esta zozobra.
Súbitamente, el mundo se desmorona. No, no es eso. Noto el calor de una piel humana. Me zarandea, me lleva en volandas hacia no sé dónde. El llanto se extingue en mi boca y me siento repentinamente acunado por un cuerpo cálido cuyo aroma me resulta extrañamente familiar. Lentamente, este efluvio poderoso, los dedos clavados en mi piel, el tacto pringoso del sudor en mi rostro y una voz oscura e intermitente se mezclan con el desgarro que puebla mi estómago. Las lágrimas, paralizadas, brotan intermitentemente. Lloro, trato de liberarme, especialmente cuando el dolor se agudiza. Grito. Tengo hambre. Hambre…
Poco después, siento un tacto extraño, rugoso aunque esponjoso, que penetra en mi boca. Succiono; siento el calor del líquido recorriendo mi cuerpo, y súbitamente, todo se calma. Aunque mi vientre todavía es presa de un remitente temblor, siento cómo el nudo que me atenaza el pecho se va deshaciendo lentamente. Una bruma cae sobre mis ojos, y una última lágrima brota aún, tímidamente, como disculpándose por su demora. Una brizna de viento agita mi pelo… la voz ronca se ha vuelto cálida, y casi comienzo a reconocerla conforme vibra en la piel y se mezcla con un pálpito suave y familiar. Estiro la cabeza, intentando vislumbrar sus rasgos en medio de la bruma grisácea que todo lo envuelve. Demasiado tarde: el veneno se expande por mi piel, mis brazos, mis dedos… recorre mi lengua su sabor por momentos agrio y dulzón… me paraliza. Los párpados caen, y la grieta extenuada de mi estómago se va cerrando, conforme me deslizo, muy lentamente, en los brazos del sueño. En los brazos de este sueño de agua y de latidos constantes, de vaivén y calor… en ellos me dejo caer… y me hundo… me hundo en la sombra, en la que, feliz, me siento desaparecer… y vuelvo a olvidarlo todo.

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3 respuestas a “Hoy empieza todo”

  1. Comentario de Mayte Guerrero:

    Acaba de decir Vargas Llosa que es un error considerar el cuento el hermano pobre de la literatura. Estoy de acuerdo: los relatos breves, entre otras cosas, a veces consiguen improntas cargadas de inquietud que se desvanecen en las novelas, en las que se tiende a explicar todo hasta agotar el factor de invisibilidad del antes y del después. “Hoy empieza todo” es una muestra de ello.

    Un abrazo,
    Mayte.

  2. Comentario de ... marta ...:

    Hola, Rubén. Acabo de entrar a tientas en tu buhardilla. Gracias por invitarme a ella. Me gusta la intencionalidad de este espacio y la precisión con la que expresas tu supuesto desorden y cúmulo de trastos. :)

    El relato… Diría que es el punto de vista de un recién nacido que se despierta a media noche desgarrado por el hambre y en busca de la leche materna. Pero supongo que lo bonito de la literatura (nombre que recibe aquello que hacen escritores en ciernes o consagrados, asúmelo ;) ) es que no pone límites a la imaginación y a las interpretaciones.

    Genial.

    ¡Un abrazo!

  3. Comentario de Rubén Berrozpe:

    @Mayte…
    Muchas gracias de nuevo por tus lindas palabras. No te imaginas cuánto pienso en la extensión del relato, en su forma, en sus limitaciones y sus puntos fuertes. El relato muy breve habla más de sensaciones, pero supone un reto de síntesis muy cercano a la poesía. En el relato más amplio, se puede empezar a jugar más con el tiempo, se pueden arrojar semillas que, tal vez más adelante, broten en forma de algo inesperado. En este sentido, es más hermano de la novela, pero no es inferior a ella. En cuanto al factor de invisibilidad que nombras, que también podríamos llamar efecto ‘punta del iceberg’, no puedo estar más de acuerdo contigo.

    @Marta…
    Qué alegría verte por aquí. Que suerte que entraras el día del relato de un folio. No siempre logro ser tan conciso… Bueno, simplemente espero poder verte más adelante de nuevo. Gracias mil por tus ánimos.

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