Reading Like a Writer
Nota: La presente reseña hace referencia a la versión original inglesa del libro publicada por Harper Perennial con ISBN 978-0-06-07705-0. Existe una versión traducida al castellano editada por Crítica con ISBN 84-843-2903-8.
En un mundo saturado de textos más o menos endogámicos sobre el arte, o más bien la artesanía, de escribir, en particular en el ámbito de la prosa o la escena (real o figurada – teatral o cinematográfica), uno es proclive a recibir con un cierto recelo un nuevo manual que aborde el sempiterno problema de la página en blanco, temeroso de verse arrastrado hacia el habitual revoltijo de bienintencionadas pero muy generales reflexiones sobre trama, personaje, curva dramática, estructura, diálogo o punto de vista. Es por ello que, tal vez escarmentado ante experiencias pasadas de textos y compendios de excelente reputación que, de alguna manera, no lograban dar pie al milagro de la conversión del apasionado lector en apasionante escritor, me sumergí con cierta desconfianza la lectura de este «Reading Like a Writer» de Francine Prose.
Supongo que, como a tantos otros, lo que me empujó a escribir en primer lugar no fue tanto la necesidad de transmitir por escrito algún hecho extraordinario de que había sido testigo ni la sensación de embriaguez del primer enamoramiento, sino el impulso de reproducir de algún modo las sensaciones que una lectura concreta había impreso en mi ánimo. En cierto modo, se trataba, sospecho, de una necesidad de amplificar aquel efecto sobrevenido en la intimidad de la lectura, de compartirlo con otros y de comulgar con ellos en el entusiasmo y la admiración por la magia que brotaba de la pluma de los grandes autores. Tal es igualmente la premisa de este libro de Francine Prose, que rezuma amor hacia la lectura en cada una de sus páginas, pero que, al contrario de lo que es común en el lector casual, se sumerge en las claves de los grandes escritos para revelarnos toda su complejidad y todo su subtexto, y realiza una concienzuda ingeniería inversa con el fin de desmenuzar todos los elementos y técnicas que permiten que estos textos perduren como obras maestras a lo largo de los años, si no de los siglos. En cierto modo, Prose hace las veces del amigo lector que nos invita a disfrutar de las obras que llenan las estanterías de su biblioteca y que le han hecho vibrar en su vida. Sin embargo, con excelente criterio, sus recomendaciones (que recopila en la parte final del libro) van mucho más allá de una mera lista de novelas, pasajes destacables o autores inmortales a los que se hace referencia de pasada sin mostrar un solo ejemplo de su obra. Al contrario, ella misma se encarga a lo largo del libro de guiar nuestra mirada por numerosos fragmentos cuidadosamente seleccionados, de una extensión de entre varias líneas y varias páginas, y, como si nos agarrara de la mano mientras exclama: «¡mira, aquí, aquí!», nos obliga a perder la prisa, a tomar aire y a recrearnos en las claves que permiten al lector inteligente y sensible extraer el máximo jugo y disfrute de una lectura concienzuda.
Desde el primer momento en que tomamos el libro en nuestras manos, la declaración de principios de Prose se nos antoja evidente: «Reading like a writer», reza un título tan atrayente como revelador - Leer como un escritor. Verbo, preposición, artículo, nombre. De ellos, el verbo, que abre la frase, hace referencia a la acción, y sugiere que el libro se va a centrar fundamentalmente en el acto de leer más que en el de escribir, lo que, ya en sí mismo, constituye un cambio de enfoque refrescante. El sustantivo, por otra parte, nos sirve de gancho: lee como un escritor, parece insinuar Prose, y tal vez algún día llegues realmente a serlo. Y no cabe duda de que éste es, en parte, su objetivo no declarado, ya que, para cuando uno ha terminado de leer − o más bien devorar − los numerosos fragmentos literarios de todas las épocas con que Prose salpica su lúcida disertación, no podemos menos que sentirnos capacitados para abordar la labor de la escritura de una manera más madura, tanto desde el punto de vista del conocimiento del código lingüístico y sus sinuosidades como − y esto es lo más destacable − desde el del discernimiento de la condición humana y la fe que podamos tener en la literatura para transmitir sus misterios y contradicciones.
La exposición de Prose se divide en once partes denominadas respectivamente «Close reading» (Lectura atenta), «Words» (Palabras), «Sentences» (Frases), «Paragraphs» (Párrafos), «Narration» (Narración), «Character» (Personaje), «Dialogue» (Diálogo), «Details» (Detalles), «Gesture» (Gestos), «Learning from Chekhov» (Aprender de Chéjov) y «Reading for courage» (La lectura como revulsivo). La primera parte del libro, a simple vista, puede hacernos pensar en un enfoque sospechosamente manierista, con su calculada progresión de la palabra a la narración − aunque en el fondo tengamos la intuición de que se trata de una de las posibles maneras correctas de abordar el proceso de escritura. Sin embargo, todos estos capítulos, lejos de aislar los sintagmas y recrearse en su belleza descontextualizada, están escritos de una manera que no excluye, sino que coloca en el primer plano la reflexión general y la poderosa significación de las palabras en el contexto de una obra literaria y en el de su anclaje a la realidad.
La autora, y hay que agradecer su decisión en este sentido, no da en casi ningún momento indicaciones sobre cómo se ha de escribir, y solo de cuando en cuando salpica su análisis con breves apuntes sobre lo que no ha de hacerse bajo ningún concepto. Resulta destacable constatar cómo estas luces rojas nos remiten sistemáticamente a las soluciones fáciles de las que todo escritor novel se ha servido en alguna u otra ocasión − señal inequívoca de su pertinencia y agudeza. E igualmente refrescante resulta el hecho de que, convencida de que en literatura no existen respuestas únicas ni fórmulas mágicas, llega incluso a replantearse con innegable sentido del humor la premisa de la observación crítica de la realidad, a partir de la lectura de los relatos de Chéjov y su propia experiencia en la docencia de escritura creativa. Tal vez no resulte casual que, atrapada entre los dos pilares sobre los que debería apoyarse todo aspirante a escritor − el análisis del mundo que lo rodea y la lectura apasionada pero reflexiva de todo tipo de géneros y autores −, Prose acabe inclinándose por recomendar en primer lugar la lectura de Chéjov antes de salir a la calle a buscar la belleza en lo cotidiano. Sea como sea, tras el viaje apasionante por estas doscientas y pico páginas llenas de palabras, diálogos, frases, detalles y gestos minúsculos, no cabe la menor duda de que Prose ama los libros tanto como a la vida misma. Tal vez ésta sea la clave que permite descubrir el germen del verdadero escritor, argumenta en sus páginas de modo indirecto, y es difícil quitarle razón. Porque, más allá del arrebato adolescente del enamorado, la sesuda prominencia del doctor en filología o el discutible glamour del autor literario, tras cada escritor se esconde un niño que hurga entre los detalles en busca del tesoro oculto de la lectura.
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Publicado el: 03-06-2007 en Reseña, Autor: Francine Prose, Género: Ensayo.
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